Cuando nos da por querernos. Ranking de muestras de afecto absurdas.

A veces me pongo triste por cosas que no tengo o no puedo tener, como todo el mundo... Pero si estoy contenta de algo en mi vida, es de que, por una conjunción del destino (si existe), la buena suerte (si es que la hay) y mi excelente criterio de selección (si es que lo tengo), me he sabido rodear de personas que a mi parecer son realmente buenas personas, sin ninguna duda.
Y los quiero mucho… De todo corazón Pero, lo siento, no me gusta ser sentimental.
Y como no me gusta, he decidido hacer un ránking de las muestras de amor que me parecen más cutres.

TOP 5 : Muestras de amor en fotolog.

Bajo fotos de dudosa calidad encontramos:

DEDICATORIA A MIS QUERIDAS AMIGAS: “Amigasssssssssss, sois las best in the world!!! De verdad, Os quierooooooo, mis chikssss, mis ladies, mis cacahuetes, jajajaja. XDDDDD.”
A MI AMORCITO: “Noviooooooooo, eres lo máximoooo, sin ti, cari, que haría qué!!! Ya un añito… Te querooo. Gracias por haberte cruzado en mi vida.”
A LA FAMILY: “Familia, sois mi apoyo, mi hombro donde llorar, mi paraguas en un día de lluvia (n.d.a.: vaya, ¡He parafraseado a Rihanna sin darme cuenta!), siempre estaré ahí para vosotros. Os quiero, qué sería de mí sin vosotros, sin vuestra comprensión.”

TOP 4: Muestras de amor en el nick del Messenger.
Son tan rancias…
Nick: (Se basan en una fórmula que podéis usar como plantilla):
Emoticono corazón + Enumeración de súper amigas (procurando que el orden sea el correcto y nadie quede ofendido) + lo mucho que nos queremos + sutil mensaje privado que consideramos más original que otro mensaje privado.

Subnick: (Frase “remember” de la última juerga o evento relevante.) Ejemplo:
“El Black Point – Sábado 23 – KasiKE SI - jajajja Inolvidable, fiestón!!!!”

TOP 3: Un clásico pre-ordenadores pero que hoy en día sigue de moda.
LAS DEDICATORIAS.
En tarjetas, en cd’s, en agendas del insti, en papeles sueltos, en fotos, y en los “walls” de nuestros facebooks y similares. En general es la muestra de afecto más rancia, y digo en general, a veces algunas son originales, pero como en general los humanos no somos originales, nos decimos cosas como:
(Reproducción más o menos fiel de una dedicatoria real de una agenda): “Marta, has estado sentada a mi lado durante los dos últimos años de instituto. Aunque no hemos hablado mucho, y a penas te conozco, me pareces una tía de putísima madre. Espero que nos veamos a partir de ahora. Te dejo mi Messenger: rubita_happyflower@hotmail.com.”
¿Lo más triste? Que durante un rato nos sentimos súper bien por tener una nueva amiga, aún a sabiendas de que jamás quedaremos con Jessy, porque es un zorrón…
TOP 2: Lo más surrealista de la red. MUESTRAS DE AMOR EN FOROS
Los foreros tienen sus propias jerarquías según la antiguedad y cantidad de mensajes, y los foreros más carismáticos son bien conocidos en el lugar. Así que mensajes de afecto por su parte son muy valorados. Ejemplo (sacado de un foro de cuidado de la piel):
David (6 mensajes en el foro: “el típico friki solitario”) dice: “tengo acné otra vez, estoy de capa caída…”
Mariana(578 mensajes en el foro: “la típica consejera”) le dice: ¡Cuánto te entiendo David! Jopis, si es que… es durillo, ¡pero ánimo David! ¡Tu puedes! ¡Eres fuerte! ¡La belleza está por dentro! Aquí me tienes para lo que quieras
Alicia (16 mensajes en el foro, “la típica positiva”)dice: Jo, Mariana, cuánta razón tienes, si es que… ¡eres la alegría de la huerta del foro! David, nada de bajón, ¡Que aquí te queremos mucho!
David (7 mensajes en el foro) dice: Vuestras palabras de ilusión me han dado vida. Ahora salgo a la calle con una sonrisa. Joer, sois las mejores, os quiero un montón.

Sé que puedo sonar cruel, pero esto tiene un punto de patetismo. Es decir, la felicidad de David está condicionada por mensajes de apoyo en foros de personas que lo olvidarán dentro de quince minutos cuando se metan en ElKonsultorio y animen a otros personajillos.

TOP 1: Lo más triste. MUESTRAS DE AMOR A FAMOSOS.
(O también: muestras de amor a gente a la que le importas un pimiento de verdad.)
Desde que existe myspace, los más aburridos ven que tienen a famosos al alcance de la mano y se dedican a escribirles mensajes con el convencimiento de que los famosos están detrás a punto de contestar.
Ejemplo:
Marta_ 16 dice 05 a las 15:23.
“Dani, te quiero, de verdad. Agrégame. martitakereadani@hotmail.com te keroo”
Marta_ 16 dice 05 de Mayo a las 15:49.
“Dani, sé que estarás liado pero es que necesito hablar contigo, contestame a los privados”
Marta_ 16 dice Hoy a las 17:30.
“Perdona Dani, ayer no pude entrar, estuve en el médico y en casa de mi abuela. Te sigo queriendo, ehh!! No me olvido de ti!!!!! Que si!! Agrégame porfi!”

Y así cada día. Marta se ha pasado seis horas durante los últimos días diciéndole a Dani, que no sabe de su existencia, que lo quiere.
**
Y así somos... Porque si algo he observado en la red, es que lo que más abunda es el reflejo de la necesidad humana de ser querido. El más friki, al más emo, la más pija, todos necesitan formar parte de algo, pero no sólo eso, necesitan que el resto de la gente lo sepa.
Es bonito, "tanto amor", en el sentido clásico de la palabra "bonito", en el sentido de “en un mundo lleno de odio prolifera el amor, que bonito”, pero es enormemente triste cuando nos da por querer muchísimo a la gente, porque aunque no lo reconozcamos, el 80% de las muestras públicas de afecto están dedicadas a que el resto de la humanidad sepa, a que a todo el resto de la raza humana le quede bien claro que:
NOS QUIEREN MUCHO Y QUEREMOS A MUCHA GENTE Y NUESTRA VIDA SOCIAL ES ENVIDIABLE Y NO ESTÁ PARA NADA DE CAPA CAIDA.

Por eso colgamos fotos con nuestros amigos en sitios públicos, ponemos fotos grupales en avatares, nicks patéticos, y en los foros queremos ser los más entusiastas, para recibir un poco de afecto de vuelta. Y es que en general, la gente que de verdad está segura de lo que tiene, de a quién quiere y de lo bien que se siente con los demás, no necesita, ni quiere, ni siente la necesidad de proclamarlo a los cuatro vientos. Funcionamos así, decimos y vamos contando lo que necesitamos que los demás sepan para alimentar nuestro pobre ego y convertirlo en un ego de tamaño medio, par aser como los demás.
Y como siempre, tiro la primera piedra.
Os quiero mucho, ya sabéis quienes sois.

La curiosidad mató al gato, o no…

(Prepostdata: A lo mejor algún asiduo a internet va a leer esto y pensar que soy la más paleta del mundo. Sólo quiero aclarar que lo asumo y cargo con mi mea culpa. Pero este post, ante todo, es tremendamente sincero, como todo lo que escribo. Y ahora, os dejo leer. )

Algunas personas me llaman friki a veces, pero no porque yo realmente sea friki en el sentido clásico, ni siquiera en el sentido moderno, más bien me dicen eso porque confunden mi insaciable curiosidad de saber todo tipo de cosas con “ser friki” (¿O es que ser friki es tener curiosidad insaciable por todo tipo de cosas?). Os voy a contar una anécdota relativa a mi frikismo que me hizo reflexionar sobre una curiosa cuestión del ser humano y su patológica ignorancia por egocentrismo. Bueno, en realidad os voy a contar tres anécdotas.

ANÉCDOTA 1

El otro día visitando mi bloggito, (lo confieso, a veces me leo…) descubrí el botón de “pasar al siguiente blog”, y ¡lo pulsé!, -casi tan arriesgado como pulsar el botón rojo- y accedimos a un blog curioso donde los haya. Se titulaba “deriostruchasypescaconmosca” y el lait motiv del blog es postear las historias de dos amigos que practican la pesca con mosca (¿?). Yo la verdad no sé si soy una persona muy ignorante y la pesca con mosca es algo por todos conocido, o si realmente –como yo creo- se trata de un submundo el cual un 90% de la humanidad desconoce. En todo caso, si creíais que sabíais algo de la pesca con mosca, no creo que sepáis nada de la jerga. Esto es el texto de uno de los posts:

“En cuanto a los lances, uno imprevisible y raro......Subía con Alvaro por una somera corriente cuando descubro una trucha de muy buen tamaño apostada detrás de las ovas, le indico a Alvaro su posición....y entonces la trucha sube lentamente hasta una pequeña tabla situada por encima de la corriente , estábamos comentando el tamaño de la trucha y donde estaba .... cuando al colocarnos en el inicio de la tabla vemos una cebada.... Alvaro coloca la emergente por encima de la cebada y una estruendosa ceba rompe el agua , una veloz carrera aguas arriba, la caña combada a tope...... Alvaro intentando controlar la trucha, después de una pelea de poder a poder, al final consigue meterla en la sacadora y sonrisa...fotos.. trucha al agua y abrazo-estrujón de Alvaro que no puede contener la felicidad. ¡Sonrisa de lado a lado de la cara!”

Después de leer esto, no sabíamos bien que expresión colocar en nuestros rostros: ¿Vemos una cebada? ¿Álvaro coloca la emergente? ¿La caña combada a tope? ¿Por qué sonreían tanto?
Me di cuenta que no soy nadie, no he pescado una trucha…

ANÉCDOTA 2 y 3 (sí, dos en una)

Enjuto Mojamuto es el friki por antonomasia, desde la factoría Muchachada Nui, nos cuenta sus aventuras en la red. Para quién no sepa ni de que hablo, es un personaje de dibujos animados que siempre está en su habitación, delante de su ordenador y habla con una voz en off. El mejor capítulo para mi gusto fue el de “Ídolos”, en el que Enjuto comentaba sus ídolos favoritos, obviamente igual de frikis que él. El primero: Zangluf, -y aclara- “nada más y nada menos que porque tiene 8 personajes del nivel 70 en el WOW (esto es un juego online, World Of Warcraft”. El segundo, Eric Hamilton, el creador de los jpegs. Y el tercero, Edans, -y la voz en off pregunta ¿Quién es Edans?- y Enjuto responde: “No sé, pero tiene más followers que yo en twitter”. No pude evitar quedar anonadada con el ingenio de Joaquín Reyes y compañía, y por otro lado proferir un sonoro (e interior): “¡Soy cutreee! ¡¡¡Jamás seré tan original!!”, y después me dediqué a buscar en internet a los ídolos de Enjuto, dándome cuenta de que realmente no soy ni tan siquiera, una aspirante a friki. Descubrí que efectivamente Hamilton es el creador de los jpegs, y que el tal Zangluf existe, y no sé como, indagando, acabé en un foro en el que un montón de ofendidos jugadores del WOW ponían a parir al tal Zagluf calificándolo como un pésimo jugador, o algo así… Algunos neófitos como yo (o eso pensé) preguntaban: “¿Quién es Zangluf?” , a lo que un amabilísimo forero, Delfín, respondía: “Te voy a contar…” Y esto, que copipasteo a continuación, es su epopeya (la transcribo, con faltas, lenguaje sms y demás):

“Zangluf es un mago q viene d aggamagan donde ya entonces se gano su reputacion....no se , yo una vez lei una historia en la cual en un AV cargaba haciendo AOE contra los 40 ordos (en los AV antiguos t podias echar 15 horas) y cuando llego a los ordos taba sin mana y uso un evocation....No se la veracidad d la historia. Weno...algunos lo califiban alli como ninja...yo en este server cuando fui con mi alter maga a ZG el intento pillarse la cosa para los brazaletes d zandalarian teniendo unos mejores... En eso no entro....tuvo una epoca muy pvpera alli en agamagan (cuando me hice mi alter en mazrigos deje d verle) en la cual llego hasta el rango 12 y se quedo alli estancado un par d meses sin poder subir + pero sin bajar por el tiempo q le dedicaba. (…) Espero avertelo aclarado a ti y a los q se preguntaban lo mismo....”

Gracias Delfín, por ilustrarme, me ha quedado todo clarísimo. En fin, de nuevo, no soy nadie…
Después de esto, deprimida, busque el “twitter”, porque (ahora no sé cómo podía vivir en mi ignorancia) no sabía lo que era. www.twitter.com resultó ser una página en la que, tras crearte un usuario, (como un myspace o flog) puedes postear, tantas veces como te venga en gana, en 140 caracteres por vez, lo que estás haciendo en cada instante. Flipé. La gente se convierte en tu seguidora (follower) y tú te buscas a quien seguir, entonces la gente sabe qué haces o qué piensas prácticamente a cada instante. Hasta ahí todo bien. Busqué al tal Edans, y resulta que efectivamente es un famoso twittero, experto y profesor en internet y comunicaciones. Rastreando en foros encontré posts de gente que ponía “¡Enjuto ha superado a su ídolo, Edans, tiene más followers que él!”. Porque sí, Enjuto se ha creado un twitter que siguen miles de personas. Y el tal Edans habla en su página de la importancia de twitter en la comunicación empresarial (sabes donde está tu team en cada momento), y de los sistemas de este tipo.
La verdad podría hablaros horas de las cosas que he descubierto a través de Enjuto, el twitter, Edans, Zangluf, etc, pero me siento muy neófita.
Mientras escribo este post recuerdo mi reciente viaje a México en el que me parecía increíble el estilo de vida, la realidad cotidiana de la gente que vivía en la Riviera Maya, en el lugar diametralmente opuesto en todos los sentidos posibles a Enjuto, Edans e incluso a mí misma. Y lo curioso es nuestro occidental-europeo cetrismo que se convierte en una auténtica ceguera. Me sorprendo en conocer que no sólo las culturas que nos presentan los documentales, las de los nativos de Nueva Guinea Papua o las de los nepalíes nómadas son diferentes a las nuestras. Es que mi primo de dieciséis año habla un lenguaje que prácticamente desconozco y gente de mi edad vive en un mundo que poco tiene que ver con el mío. Sé que es obvio quizás lo que digo, pero es que no puedo evitar sorprenderme cuando veo un documental sobre cómo se fabrican los cuchillos y por dentro pienso que jamás me lo hubiese imaginado...
Somos egoístas, hasta niveles extremos, al dar por sentado sin querer que nuestra realidad es la única válida, nuestro pensamiento el más lógico y nuestra vida la más normal del mundo. Sin caer en sentimentalismos o en panfletarismos sobre globalización, sólo digo que quiero que se acabe de una vez por todas lo de la curiosidad mató al gato. Quiero conocer, quiero saber más sobre el wow y sobre la pesca con mosca, conocer qué piensa el descendiente de un maya y qué opina mi primo sobre los programas como twitter, en todo caso, creo que deberíamos abrir los ojos y ver que no somos nadie, que tenemos un mundo de información al alcance de nuestra mano y que la mayoría de las veces nos interesa solamente abrir nuestro mail, charlar con nuestro Messenger y googlearnos a ver si hay suerte…
Os dejo, me voy a pescar una trucha con mosca.

“Yo lo sé, esto es así, no me cabe duda”, dijo él. “Yo lo intuyo, una fuerza me lo dice…”, respondió ella.

Este título es una reproducción de una platónica conversación entre un enterado y una mística. Dos tipos de personas que habitan entre nosotros, y que están dispuestos a aparecerse en nuestras vidas, como “estrellas invitadas” de una sitcom a la menor distracción por nuestra parte. Los pongo a los dos en el mismo pack porque son dos tipos de personas que lo saben absolutamente todo, y si no, pues se lo inventan.
Esta entrada está inspirada en algo que pensé hace más bien poco: lo que nos gusta a las personas en general decir “te lo dije”. Todos estamos deseando saber más que los demás, encontrar las palabras perfectas antes que el resto de la gente y sobre todo, que otros se equivoquen y nosotros llevemos la razón. En general es algo que te hace sentir muy bien, el comenzar una discusión con alguien, de forma acalorada sobre algo en particular, y descubrir de una fuente ajena que efectivamente tú llevas la razón. Porqué en ese momento puedes gritar a los cuatro vientos un maravilloso “TE LO DIJEEEEE”, gigantesco, con todas las letras y con toda la vocalización que eres capaz de lograr con tus cuerdas vocales...
Pero estos dos géneros de personas son diferentes, porque ellos no esperan una situación aleatoria en la que puedan decir “te lo dije”, ni siquiera llegan a pronunciar esas palabras porque ellos lo saben absolutamente todo, sólo que los primeros lo saben por cuenta propia, y a los segundos les encanta citar la fuente ajena de la que han conseguido su sabiduría.
Primero voy a hablar de los enterados. Los enterados son los que después de cualquier afirmación, su respuesta es: “no,” “no estaría yo tan seguro”, “hombre, eso no es así exactamente”. Ejemplo de una conversación con un enterado, que sabe sacar una bonita discusión de donde no la hay.
PERSONA NORMAL (en adelante PN): Me encantar Martin Sheen en Apocalypse Now.
OTRA PERSONA NORMAL (contestaría): “Sí, está genial” o “no me acuerdo”
Pero, ¡el enterado no!
ENTERADO (en adelante EN): Mmm, no estaría yo tan seguro, el protagonista es Brando.
PN: Bueno, Brando sale, pero el prota es Sheen.
EN: No no, te equivocas, el protagonista, el que va por la selva es Brando.
PN: Joer que no, que es Sheen.
(El ENTERADO se acalora).
EN: Pero ¿Me vas a discutir eso? Si he visto esa película 500 veces. Hombre, vete y búscalo.

El resultado normalmente es que a la persona normal el enterado lo hace dudar hasta que no está nada convencido de su teoría inicial. Pero si decide buscarlo puede darse una pintoresca escena en la que el enterado niegue sistemáticamente haber dicho que era Brando el protagonista, o incluso que cambie totalmente la versión. En todo caso, es totalmente imposible luchar con un enterado porque siempre tienen la razón. Y si cometes el error de discutirle algo en lo que efectivamente tiene razón, estás perdido porque te dirá: “TE LO DIJE” y te lo recordará durante el resto de tu existencia.
Pero peores que los enterados y su afición por obtener de la nada la sabiduría universal, son los místicos, porque los místicos no sólo creen que tienen razón, sino que sus fuentes son tan precisas y están tan bien documentados que uno no puede más que escucharlos. Los peores de esta raza son los que tienen cultura de libro de autoayuda, porque ellos no sólo creen haber conseguido el secreto de la felicidad sino que encima quieren que tú también lo tengas. Su autor favorito es Paulo Coelho, y con El Alquimista han encontrado la revelación más inmensa de su existencia. Comprar flores de Bach, inciensos (por sus poderes, no por el olor), tontean con el budismo, creen en el poder de las piedras, en la fuerza del corazón, en los que leen las cartas, en los videntes, han leído El Secreto, y te lo recomiendan en seguida, porque ha sido un giro argumental enorme en su propio misticismo. Esta es una conversación con un místico.

PERSONA NORMAL: Hoy estoy de bajón.
MÍSTICO: (con pose de prestar muchísima atención) Pero… ¿Por qué? ¿Te has leído a Jorge Bucay?
PN: Mmmm, no. He leído a Ken Follet….
MÍSTICO: (abriendo muchísimo los ojos): Oh! Cariño (les gusta llamar cariño a la gente, aunque sólo sean conocidos, y tocar mucho a la gente) pero tienes que leerlo, porque yo encontré el sentido de la vida en cuanto leí su último libro. (Hago un paréntesis porque este es el momento cumbre de todo místico: la obviedad monumental) Es que mira, las cosas no tienen que ser blancas o negras, pueden ser de millones de colores, sólo tienes que verla bajo el prisma adecuado, tú buscas tu propio YO… ¿te has leído El Secreto?
No sigo la conversación porque en realidad, algo que tienen la mayoría de los místicos, como parte del género humano, es que pasan de escucharte, al menos que le cuentes algo que les interese para aplicarte su misticismo, como un sueño, una ruptura amorosa o un ruido misterioso en tu casa.
Lo curioso de estos dos tipos de personas, es que aunque quieren por todos sus medios asediarte con su sabiduría, jamás tienen ningún interés en que tú compartas con ellos la tuya, es más, los místicos, jamás aceptarán que tú hayas leído un libro místico que ellos no conocen, y los enterados, jamás aceptarán que sepas más que ellos, y si lo haces, directamente cuestionarán lo que les has dicho “No estaría yo tan seguro”.
A veces deseo en mi yo más oculto que se encuentren un místico y un enterado y comiencen a divagar sobre el sentido de la vida…
Sobre todo porque creo que muchísima gente olvida que sólo la gente humilde es la que sabe algo, porque saber algo te da la seguridad de no tener que demostrárselo a nadie, de coger lo que sabes, darle vueltas y ofrecérselo a quién buenamente quiera aceptarlo, pero jamás creer que eres más interesante que nadie, porque hoy en día, todos han visto las noticias, todos se han leído ese libro tan misterioso que sólo crees conocer tú y todos han recibido ese mail. Por eso abogo por una conversación sincera, porque a veces, cuando escucho a la gente, a veces cuando me escucho a mí misma, a veces cuando cotilleo conversaciones ajenas, me doy cuenta de que vivimos en la era en la que el ser humano lo cree saber todo, de ese ser humano (actual) que se asombra cuando ve que los mayas tenían un calendario o que los monos saben contar (porque cree que sólo EL SER HUMANO DE HOY es inteligente). Vivimos en la era de la prepotencia en la que saber algo único es un auténtico privilegio, en el que todos queremos ser expertos en algo y maestros de todo, y en el que todos pecamos de ignorantes cuando queremos hacer llegar a los demás nuestra insondable sabiduría.
Por eso envío un mensaje a los enterados y a los místicos: no asombráis a nadie, no quedáis bien, no moláis. Es más, si dais algo, es un poquito de vergüenza y ser la comidilla de los corrillos en los que no estáis. Porque la gente que realmente vale la pena a la larga, la gente que realmente todo el mundo quiere tener a su lado, es la que sabe dónde está, sabe lo que sabe, quiere conocer lo que los demás tienen que decirle y utilizarlo para saber más de sí mismos. Sin descubrir secretos insondables de nada y sin probablemente ser más felices o más interesantes al día siguiente. Sólo siendo, que hoy por hoy, ya es un logro.

¿Por qué él sí y yo no? ¿Por quéeeeee?

Ayer no escribí porque era el día del trabajador y no quiero ser una esquirola, y también porque estuvimos en casa totalmente enganchados a Damages en un maratón de diez horas consecutivas con pequeños intervalos para comer algún alimento y beber algún líquido...
Hay ocasiones, puntuales, en las que veo alguna serie de televisión, especialmente americanas, bueno, exclusivamente americanas, y pienso dos cosas: que todavía, hoy en día es posible innovar, y luego que porqué nosotros somos incapaces de hacerlo. Me siento alentada en mi ilusión de ser algún día una guionista profesional y luego me doy de cara con la realidad pensando que es casi imposible hacer productos de tal calidad en nuestro país. Y lo siento si alguien se siente ofendido, pero es totalmente imposible. A nivel técnico no hay ni que hablar, pero es que a nivel creativo, parece que nos tenemos que conformar con más de lo mismo, con series cuyas tramas no dejan de ser igual de trasgresoras que la noventera Compañeros.
Pero no es de series de lo que quiero hablar. De lo que quiero hablar es de ese sentimiento que tengo al ver esas series y que tuve ayer al ver Damages y analizar la indiscutible calidad de sus guiones. Ese sentimiento nos acompaña a casi todos en algún momento: compararte con los demás. Todos nos comparamos con los demás. Alguien podrá decirme “yo no, yo no me comparo con nadie”, pero seré totalmente incapaz de creerl@. Porque es irremediable el ponerse a uno mismo en una balanza, mirar alrededor y pensar que otros son mejores que nosotros, peores que nosotros, más felices o más desgraciados o que tienen mejor o peor suerte que nosotros sin merecerlo en absoluto. Y esto es sano en casi todas las ocasiones, al menos que esa pequeña envidia o ese pequeño sentimiento de superioridad ocasional se convierta en algo patológico. Y se convierte, el problema es que en ocasiones se convierte. Y más desde que tenemos la posibilidad de escondernos detrás de una pantalla de ordenador, soltar mierda tras un nick y quedarnos tan a gusto. Tenemos tiempo libre, el suficiente como para sentarnos en una silla a mirar a los demás y pensar que son mucho peores que nosotros y han logrado muchas más cosas, eso sí, sin jamás plantearnos la posibilidad de dejar de mirar lo que están haciendo esos de los que hablamos y ponernos nosotros mismos a labrar nuestro propio camino hacia el éxito.
El éxito, según mi prisma, es la ilusión de ser felices por haber logrado los objetivos que nos habíamos marcado, aunque si lo pensamos bien, el éxito, casi siempre, sigue siendo el objetivo y el camino se convierte en poco más que intentar trabajar para lograrlo esforzándonos en no caer en la desesperación al ver que nada llega. Pero lo que le ocurre a la mayoría de las personas que desean el éxito es que se pasan la mayor parte del tiempo enajenados en su propio universo en el que tienen que conseguirlo “ya” y “porque sí”, “porque tienen el talento suficiente”, sin plantearse que talento, en realidad, es algo que le sobra a casi todo el mundo, y que lo que es realmente complicado es sentarse delante de un papel/lienzo/ordenador/partitura y cualquiera de sus variantes pintorescas a plasmar ese talento del que tanto presumen. Lo fácil es meterse en un foro de literatura/pintura/informática/música y sus variantes pintorescas y dejar que la envidia se convierta en frustración y desesperación y dé, como resultado, el más estrepitoso de los fracasos. Mucha gente, a diario, me cuenta lo que hace, lo que está haciendo, los proyectos que quieren tirar para adelante, lo buenos que son en tal o cual materia, pero la mayor parte de ellos jamás vienen con el producto terminado, jamás me dicen “he logrado terminar esto”. Cuando alguien me sorprende con algo acabado, no me queda más que admirarlo, pero he de reconocer que en el fondo, muchas veces en las que he visto ese “algo”, he pensado “no es para tanto” o incluso “¿Esa era la gran idea? Yo podría hacerlo mejor”. No lo pienso con maldad, ni siquiera con prepotencia, lo digo con una pequeña envidia interior porque pienso que yo misma, dejo muchas de mis cosas en el tintero por el miedo a hacerlo mal o a fracasar en el intento. A veces dejo las cosas a medio terminar porque pienso que es más fácil esto que enfrentarme a que no soy como creía que podía ser si me esforzara.
Pero estoy aprendiendo. Cada vez más, cada día aprendo un poco, desde hace un tiempo, a no darme por vencida y a no ponerme a mirar fallos de jurados antes de haber escrito el cuento (aunque a veces lo hago), ni a leerme lo que hacen los demás y pensar “yo podría escribir algo mejor”. Y menos aún, lo que no hago, es sentarme detrás de un nick y poner a parir a alguien que ha logrado algo, porque no quiero perder mi energía (que es finita), ni mi tiempo (que es limitado) en mirarme a través de los demás, ni para bien ni para mal. Porque tengo el firme convencimiento de que la inspiración es un invento marketiniano, y que el talento es con lo que se conforman los mediocres. Hay que tener talento, hay que tener inspiración, pero sobre todo, hay que mirar hacia el futuro con optimismo y con la seguridad de que tus objetivos se pueden lograr si pones empeño y si lo haces. Como me dijo Hipólito, el profesor más raro que he tenido, en su primera clase: “Si quieres ser guionista, escribe”. Creo que no hay mejor consejo que ese. Os hablo directamente a los que os pasáis la vida viendo lo que hacen los demás y sintiendo que el mundo es muy injusto: lo es, pero no podéis hacer nada más que intentar ser objetivos con vosotros mismos, pensar si de verdad valéis para “eso” que queréis hacer. Sin falsas ilusiones pero sin falsa baja autoestima. Con objetividad. Si vales para ello, siéntate, escribe, pinta, canta, pero hazlo, no te sientes a llorar porque no has logrado lo que ha logrado tu vecino, ni desperdicies tu voz en gritar que tu vecino lo ha conseguido con menos talento que tú. Muchas veces consiguen cosas quienes menos se las merecen, pero casi todas esas personas supieron aprovechar las oportunidades que se le pusieron por el camino, y si no lo han hecho, sólo es cuestión de tiempo el que caigan por su propio peso. A lo mejor peco de lista por intentar dar consejos, pero veo una realidad que me hace darme cuenta de que si en nuestro país el talento está tan mal aprovechado es porque no somos una cultura de sacrificarnos por un sueño, no tenemos algo que los yankees tienen y que es muy positivo, la cultura del “empezar de cero y llegar a ser alguien”, tenemos la cultura del conformismo, la envidia y el mirar la casa ajena por el rabillo del ojo. Tenemos muchas cosas buenas, y muchas otras malas, pero yo he tomado una decisión. Lo voy a lograr, y no porque tenga muchísimo talento o porque sea mejor que los demás, sino porque me voy a sentar cada día muchas horas a dejar de soñar y a apostar más por mí, y cuando vea una serie americana seguiré pensando que soy lo peor, pero también seguiré pensando que no voy a empezar a construir la casa por el tejado y menos a quedarme sentada en mi casa viendo como otro logra mi sueño, no por ser mejor, sino por haberlo intentado.

Cosas que me provocan una terrible angustia interior

Hoy estuve pensando que es un buen momento para que me conozcáis más, conozcáis más sobre la persona real que se esconde tras este blog. La verdad que la idea surgió porque empecé a apuntar un montón de cosas de las que quería hablar aquí, pero eran tan tantas y algunas tan obvias y por lo tanto con tan poco jugo por exprimir que he decidido hacer simplemente un listado de las cosas que hacen que yo sufra espiritualmente. Ahí van, sin orden ni concierto:

-La palabra espiritualmente.
-Las despedidas de solter@s. Sobre todo en el que la gente va disfrazada con la cara de el/la novi@ en el pecho con un cartel de “se busca”. Y los velos-polla.
-Cualquier versión del kamasutra que se venda en una tienda de souvenirs.
-El humor gráfico de los calendarios para la cartera.
-Los calendarios que regalan en las gasolineras, en los restaurantes chinos, en las gestorías, sindicatos, tiendas de aluminio, asociaciones benéficas. Cualquier calendario que no sea comprado.
-El papel higiénico envuelto en ganchillo.
-El jabón “La Toja”.
-La tipografía Comic Sans.
-La frase “Si lloras por no ver el sol, las lágrimas no te dejarán ver la luna”
-La ropa que se vende en el hipermercado.
-La gente que se autocalifica como “extrovertida”
-La frase “yo por las buenas soy muy buena, pero por las malas…”
-Las fotos de perros, gatos y demás mascotas en los móviles, y la gente que por desgracia te las enseña.
-Los paquetes abiertos de dulce de membrillo en la nevera.
-Los slides de myspace con estrellitas que se mueven.
-Las canciones de Maná y Juanes.
-La cantante de La Quinta Estación.
-Las fotos de zapatillas, un 90% de ellas, especialmente si son Converse All Stars de colores.
-Las Asociaciones de Vecinos.
-Las hojitas que dejan las Asociaciones de vecinos para ir a sus reuniones.
-Las reuniones de vecinos, sobre todo las que son en garajes.
-Las iglesias, los grupos de catequesis.
-Los grupos, de catequesis o no, donde alguien toca la guitarra.
-Los nicks del Messenger que tienen emoticonos, estrellas, símbolos, listas de amigos interminables con “te kiero”, frases absurdas y chistes privados. En conclusión, un 95% de los nicks del Messenger.
-El Messenger.
-Cualquier mail de reenviar, especialmente si tienen que ver con la amistad, el amor o cosas por el estilo.
-Las bodas en las que en la carta pone “solomillo” y luego resulta que es filo o algo así.
-Las bodas en iglesias.
-Las bodas con orquesta.
-La gente que es demasiado feliz siempre.
-La gente que se ríe de cosas que no tienen gracia y los que se ríen cuando ellos mismos dicen cosas que no tienen gracia.
-La gente que habla sin parar y sin escuchar a nadie como si se les fuera la vida en ello.
-La revista Hola y sus publirreportajes de famosos de tercera posando en sus horrorosas mansiones barrocas.
-Los coches tuneados.
-La tienda “Pimkie” y su explosión de color.
-Las tiendas que se llaman “Galerías Daisy”, “Moda Joven Paca”, “El Corte Italiano”, “Confecciones Analinda”.
-Los negocios que tienen como nombre el resultado de unir la primera sílaba del nombre de los componentes de una familia: Bar- Restaurant Gapami de Gabriel-Paca-Miriam), “Frutería Mayro” (de Mayte y Rodrigo).
-Los vídeos de bodas que tienen palomas y alianzas flotando en 3d. Y los vídeos de boda, comunión y bautizos en general.
-Las fotos de graduación, la mili, bodas, comuniones y bautizos, sobre todo si están enfundados en marcos dorados.
-Que la gente ponga Restaurant, en vez de Restaurante porque creen que es “más fino”.
-La gente que cree que los dátiles envueltos en beicon son “finos”.
-La gente que te obliga a leer sus poemas.
-Los poemas de un 90% de la gente.
-La marca Tous, y cualquier imitación de Tous.
-Cualquier cosa que tenga que ver con la acampada y el senderismo, especialmente el atrezzo, como casetas de campaña, cantimploras y navajas multiuso.
-La tienda “Coronel Tapioca” (aunque reconozco que tiene camisas chulas, pero me da mal rollo).
-La gente (especialmente chicos) que usan gomina con el pelo rizado y/o largo.
-La directora de la academia de “Fama”, la del pelo corto, especialmente cuando se pone a bailar.
-Los programas de TV1.
-Los vídeos de las canciones de karaoke.
-Los piano bar.
-Richard Clayderman. (ahora Richard viene hasta mi casa y me dice “Sí, te doy mal rollo, pero estoy forrado que no veas…” y yo tendría que asentir y bajar la cabeza. Pero me sigue dando mal rollo igual).
-Los videoclips de Richard Clayderman que tienen, al igual que las tvmovies, una especie de filtro blanquecino sobre la imagen.
-Las películas tipo Scary Movie y American Pie, y las tipo Torrente.
-Un 90% de los monólogos de la Paramount que me hacen cero gracia.
.La gente que se cree graciosa y se nota.
-Las revistas de pesca y de caza, y las del motor también.
-La gente que va de excursión constantemente, saca fotos a la naturaleza y luego pretende no sólo que las veas, sino que muestres fingido entusiasmo.
-La gente adulta a la que les gustan cosas como el merchandising de las películas de Disney, Winnie de Poh o el Pez Nemo.
-La gente que le habla a los niños y bebés como si fueran tontos o sordos.
-Las cosas “perfumadas”.
-La ropa que pone “Navy”, “Sport”, “Tenis” o “Army” y la que tiene bordados de anclas o nudos marineros.
-Las gorras que parecen de Fórmula 1, la ropa que parece de Fórmula 1, la gente que viste con ese tipo de ropa como si fueran a competir de un momento a otro.
-Los chándals fuera de un entorno deportivo.
-La palabra chándal.
-Las fotos de animalitos con colores saturados que los hacen parecer “encantadores”.
-Las fotos de bebés dentro de macetas, tarros, etc.
-Van Morrison y sus guitarreos felices.
-Cualquier foto hecha “de fiesta” y colgada en un lugar público.
-Los futbolistas, los entrenadores de fútbol, los comentaristas deportivos, los equipos de fútbol, los programas sobre fútbol, las prendas de fútbol y periódicos deportivos. El fútbol.
-Las novelas sobre “superarse a uno mismo tras una desgracia es posible gracias a fuerza del corazón”.
La verdad que tengo en mi cabeza una lista tan interminable que creo que por ahora lo voy a dejar aquí. Volveré a actualizar muy pronto y posiblemente extienda algunos de los puntos que comento en esta pseudoentrada.

American High School

Ya empieza a ser un hábito disculparme por no escribir en el blog. Esta vez tengo buenas excusas, quizás demasiado buenas así que por eso mismo no voy a contarlas, pero espero que confiéis en mí cuando os digo que me ha sido totalmente imposible encontrar un hueco en mi tiempo y en mi mente para actualizar. Pero aquí estoy de nuevo, después de este horrible lapsus, aún convencida de lo irrisorio que es el ser humano y de lo increíblemente difícil que es para nosotros aceptarlo.
Hace no mucho tiempo aunque parezca que sí, una amiga y yo vagábamos por la facultad criticando a todo el mundo que se cruzaba a nuestro alrededor. Y criticábamos sobre todo, por encima de todo lo demás, a la gente que se cree algo que no es, sea lo que sea lo que es y sea lo que sea lo que se crea. Porque una persona que se mira al espejo y ve otra cosa diferente de su reflejo tiene un problema. Y esta chica a la que observábamos se creía que era delgada y muy guapa a pesar de no ser ninguna de las dos cosas. Y nosotras pensábamos: ¿Por qué? ¿Por qué esa desnorexia tranquila y esa inconmensurable autoestima con la que va flagelando sin parar al resto de los presentes? Porque esa seguridad que desprendía es la que le da, sin duda alguna, el asfalto para crear el camino al éxito. Y me pregunté esa tarde en cuestión: ¿Qué es lo que hace que determinadas personas tengan una imagen de sí misma tan distorsionada a su favor? La respuesta la hallé poco después viendo una serie de televisión.
Todos nosotros (los humanos adultos) no somos más que una clase de un instituto americano con un poco menos de glamour. Es decir, nos dividimos en los triunfadores, como la líder de las animadoras que sale con el quarterbag del equipo de rugby, los nerds del club de ciencias, con sus gafas, aparatos, acné, bolígrafo roto en el bolsillo y voz de pito, los alternativos seguros de sí mismo que se enfrentan con deportividad y aplomo a la dictadura de los triunfadores, y los que no pintan nada, como la hija del pastor, que quiere ser líder pero sabe que nunca podrá porque por las tardes tiene que cantar en el coro, y un largo etc, de personajes estereotipados, tan estereotipados como la propia realidad.
Si en el instituto has sido del grupo de los líderes, probablemente el resto de tu vida te sientas como la más guapa, la mejor, la más segura de ti misma, y si has sido un nerd, te costará un triunfo dejar de serlo. Porque a todos nos marca irremediablemente lo que los demás piensan de nosotros mientras crecemos, mientras nos hacemos adultos. Vamos reaccionando poco a poco a las críticas y a los halagos, a las miradas de aprecio y de desprecio, y vamos formando un carácter que es un reflejo de lo que nos ha tocado vivir. Y yo, en mi incesante investigación de la gente joven me doy cuenta que realmente aunque las formas cambien y aunque los alternativos de hoy tengan diferencias notables con los del pasado (hoy en día los alternativos tienen marcas de ropa igual de caras que las de los que no lo son y tienes páginas donde pueden hablar con otros alternativos igual que ellos), y aunque los nerds puedan esconderse delante de sus pantallas, todos los habitantes del maravilloso mundo del instituto americano, es decir, de cualquier instituto, lo que quiere es ser quarterbag y animadora, y quieren ser los más rubios, más guapos y con más dinero, hacer fiestas de cumpleaños que ensombrezcan a las de los demás y que todo el mundo, incluso aquellos a quienes no conoces, sepan tu nombre.
Así, si consigues eso en el instituto, te garantizas una reserva de autoestima de por vida, y aunque no llegues a nada, y acabes en una caravana en la octava milla (o en un piso de 30 metros en el extrarradio de Leganés), sabrás que has sido popular y podrás contar tus grandes momentos de rey o reina del baile a tus nietos. Los que en el instituto sólo forman parte de los renegados, de los que prefieren no ser vistos para no acaparar las risas de los populares, siempre miraran al mundo con ojos desconfiados, con la certeza de que lo que tienen que decir carece de importancia, incluso si llegan a ser grandes cosas y dan conferencias delante de miles de personas sobre la difusión de los cultivos transgénicos en Asia, se desmoronarán si no consiguen el aplauso unánime del público.
Hoy en día, lo positivo de esto es que tiene solución. Un niño al que le hacen bulling puede ir al psicólogo o contarlo en el diario de Patricia con la voz distorsionada y silueteado en gris, los nerds pueden hackear los messengers de los populares por internet y los alternativos guitarrear delante de su web cam, colgarlo en su myspace y convertirse en afamados cantantes de pop rock, soñando en privado con encontrarse a una animadora que lo rechazó limpiando el local después de su exitoso concierto.
Lo que quiero decir es que ser un triunfador en el instituto no te da la seguridad de tener éxito en un futuro, y probablemente incluso las animadoras de verdad no lleguen a ser nada más que ex animadoras frustradas, pero eso sí, nadie les quitará haber sido el sueño americano del resto de los amargados adolescentes y nadie les quitará la confianza que eso les ha proporcionado. Así que, mientras la gordita ex animadora pasaba delante de mí mirándose en las superficies reflectantes y viéndose delgada y espectacular, yo me conformaba con esforzarme para ser alguien, como si le debiese algo al mundo o le estuviese pidiendo perdón a todos por no haber sido la cheerleader de mi clase. Porque aunque lo neguemos todos quisimos formar parte del grupo de los populares y bailar la canción final bajo la gran bola plateada del gimnasio en el baile de primavera.

Comunícate conmigo por favor

Antes de empezar mi speech habitual debo disculparme con vosotros, lectores, por haber descuidado mi humilde blog durante unos días que se me han hecho eternos... Me disculpo con vosotros porque estoy decepcionada conmigo misma, me había autoprometido escribir cada día sin excusas ni “esques”, nevase o diluviase, pasase lo que pasase... Pero las circunstancias me han podido.
Y bueno, como sé que en el fondo, a pesar de mi acusada sensación de culpabilidad, tampoco es para tanto, os quiero hablar de la comunicación, un tema que en el fondo siempre se encuentra en el trasfondo de mis reflexiones y de mis entraditas bloggeras. (Sé que bloggero se escribe con “u” pero me parece más bonito con dos gés, y como es mi blog, I cry if I want to).
Las personas somos seres sociales, con la necesidad acuciante de comunicarnos constantemente para sentirnos menos solos y perdidos en este parque temático de la vida. Lo más clásico es el momento del café a media mañana con su tradicional tertulia matutina y sus múltiples variantes, proceso que hoy en día se transforma, sustituye o complementa con el momento del chateo. Llegamos a casa, conectamos rápidamente el messenger, nos metemos en los foros habituales, revisamos el correo, miramos el fotolog, las peticiones de amigos en el myspace, el twitter de nuestros followers y encontramos un abismal vacío en nuestro interior si ningún contacto interesante, de esos que en nuestra mente están en la innegable categoría de élite de los contactos, está disponible y dispuesta a comenzar la increíble conversación que esquematizaré a continuación:

rafa dice: hola xdxd
rafa dice: ...
rafa dice: estás
rafa dice: .... eooooooo
carla dice: eyyyy, perdona, estaba en la cocina preparándome la merienda XDXD
rafa dice: ^^ q tal?
carla dice: aquí y tú?
rafa dice: igual...
rafa dice:jeje
carla dice: jajajajajxdxdxdxdxd
rafa: bueno, me piro a mirar el correo, pero estoy aquí
carla dice: vale

Después de esto, por fin para Rafa, el mundo volverá a girar a la velocidad normal, porque por fin ¡se ha comunicado! Porque, todo ser humano de la nueva era, de esos que o no recuerdan cómo se quedaba con los amigos antes de tener móvil o de esos que ni siquiera saben que esa época existió más que por leyendas urbanas, necesitan, en la soledad de sus vidas, una voz calmando su angustia existencial con un: no estás solo, yo también estoy, solo en mi habitación, pensando también que todo esto no tiene sentido. Sólo que hoy en día, este proceso se realiza a tiempo real, en un mundo virtual y con una certeza sólo teórico-científico-tecnológica, que no deja de ser fe en una extraña manifestación, de que quién te contesta al otro lado es alguien real. Creamos mecanismos informáticos para identificar que quién nos escribe es una persona y no una máquina, vivimos inmersos en un auto-spam de nuestro patético aburrimiento, y sentimos que la gente nos quiere cuando vemos un buzón en la pantalla de nuestro móvil, una ventanita naranja en la barra de nuestro windows xp y un friend request en nuestro myspace.
Hemos sustituido las no más patéticas quedadas en los parques de tardes perdidas entre cigarrillos mal fumados y conversaciones a medio terminar por perdidas tardes en chats temáticos conversando con extraños de dudosa identidad, y hemos cambiado conocer gente en las discotecas o en las bibliotecas o en el instituto, por hacerlo con personas de nombre genérico y foto retocada en photoshop en una miniventana en nuestra súper pantalla 17’’ panorámica. Y a fin de cuentas lo único que buscamos es algo de compañía, porque el ser humano sabe en el fondo que la soledad tiene difícil cura, pero siempre busca un placebo para olvidarlo.
Todo esto me parece justificable, pero no por ello menos patético: lo entiendo, lo respeto, no me queda más que compartirlo muy a mi pesar y de sentirme tan patética como el resto de la humanidad cuando abro a alguien una ventana del odioso y anti-comunicativo messenger, y mucho peor cuando me pongo feliz si me contestan. Pero lo peor de esto, lo que nos hace ser seres terriblemente contradictorios en el peor de los sentidos, es que en el fondo, mientras sentimos esa horrible necesidad de estar arropados por la presencia de alguien, nos importa una mierda lo que ese alguien tenga que decirnos. Lo único que ansiamos es ser escuchados, contar nuestras anécdotas sin gracia, nuestros pensamientos repetidos, nuestros pequeños descubrimientos (descubiertos antes por muchos otros) con personas que buscan exactamente lo mismo. La gente asiente de forma automática, sonríe por inercia y suelta unos ajás la mar de creíbles mientras inmersos en sus propios pensamientos buscan el hueco adecuado para soltar sus parrafadas, a su juicio mucho más interesantes y llenas de conocimiento...
Lo único que saca a dos personas de incesantes monólogos de profundo amor hacia sí mismos, es la aparición del morbo o el cotilleo en la conversación, porque en realidad, lo que hace que una persona deje de interesarse en si misma durante un instante es el tener una prueba de que las personas, el resto de las personas, u otras personas concretas, son más patéticas que uno mismo.
Así funcionamos. Funcionamos porque creemos que a los demás les parecemos interesantes, porque creemos que somos mejores que los demás y que tenemos el secreto para no ser como ellos, sabiendo eso sí, que los necesitamos para que nos confirmen todo lo anterior, con sus ajás y sus ojos abiertos de entusiasmo con nuestras palabras. Y odiamos cuando quieren empezar a tomar protagonismo. Nada más odioso que mientras cuentas tu vida, la otra persona te responda: “como yo, que...” y prosiga con su anécdota o dilema, nada peor que contarle a alguien nuestro descubrimiento asombroso y secreto y que nos diga “también me enviaron el mail...”, nadie peor que alguien que quiere hablar más que escucharnos. Y como en casi todo en la vida, pocas veces nos paramos a pensar que a los demás les molesta y les aburre lo mismo que a nosotros, porque de pequeñitos, a todos nos enseñaron que éramos los más especiales.Así que me voy a contar al mundo que he escrito una nueva entrada de mi blog, se lo diré a mis contactos en el messenger, a mis amigos por teléfono y enviaré un mail, y es que un día pensando me di cuenta que no soy más que una más, muy a pesar mío.