LA PEOR TURISTA DEL MUNDO

No sé si llegué a publicar una entrada hablando de lo que odio a los turistas que van por ahí siguiendo rutas de turista y haciendo fotos de turista delante de monumentos con caras de fingida felicidad. Yo también he sido de esos turistas alguna vez, y me he odiado igualmente. Pero, en general, en lo referente a "ser turista", no me disgusto demasiado ya que paso de hacer fotos, de visitar museos o de levantarme temprano. Yo voy a los sitios en plan hippy, sin planes, sin rutas y sin estrés, observando y conociendo a los lugareños y sus costumbres.

Y grabo videos. Que os iré enseñando poco a poco. Aquí tenéis un videoclip introductorio de nuestras vacaciones. Se llama "Miami Holiguays", que sé que suena cursi y es un juego de palabras de lo más barato, pero como allí a los miamienses, en especial a Joanne, les hacía gracia lo de "guay", pues lo puse.

Y para muestra, un botón.


HE TOMADO OTRA DECISIÓN

La verdad es que me estoy aburriendo a mi misma con tanta intriga y parafernalia para volver a escribir, pero es que tengo varias cosas que decir, y como me gustan tanto las introducciones, pues voy a hacer una.

Acabo de volver de Miami, después de pasar allí tres semanas, y tengo el horario cambiado. (diría que tengo jet lag, pero realmente odiaría a alguien que me dijese eso) Así que a las tres de la mañana y tras doce horas despiertas, he decidido reformar mi blog y convertirlo en un video blog.

¿Por qué? Pues porque siempre estoy haciendo videos y creo que a veces soy un poco pesada "pain in the ass" con mis entradas ultralargas, así que voy a probar a ver si mi reducido público se entretiene con mis tonterías.

Y... para estrenar esta idea pongo la introducción a lo que serán los videos que he hecho en Miami.

Esta hecho con el movie maker en un portátil en una terraza en una casa de la playa durante una tormenta miamiense, con un par de cigarrillos y algunos margaritas, así que espero que nadie me diga que es cutre, porque es obvio.

Un saludo a todos los pocos



PRONTO VOLVERÉ

Hola. Escribo esta entrada, tras meses de silencio, sólo para anunciar que en un mes volveré a escribir regularmente en este blog. Por si alguien sigue por ahí, navegando sin rumbo en internet y llega a este bloguito, que quede informado del evento.

Un saludo. Sabina.

Adiós, dejo el movimiento...

Escribo en este mi blog para anunciar que me quito del movimiento hip hop después de diez años militando entre las filas de los soldados de ésta, nuestra cultura. Después de salir a pintar algún muro con mis Montana, bailar break en alguna plaza y escribir un par de letras mal rimadas, después de dejarme el dinero en comprar cd's originales de rap nacional para apoyar artistas de mi movimiento y tras intensos fines de semana bailando al ritmo de las canciones más clubbis en garitos de música negra, dejarme mi sueldo en ir a festivales y conciertos con carteles variopintos, ver batallas de gallos y convertirme en una maquetera de poquísima repercusión, después de sentir el rap por cada poro de mi piel…

Por fin, decido abandonarte, HIP HOP.

No haré una gran despedida, no escribiré un tema comparando al rap con un gran amor que me abandona, ni diciendo que él (parece un chico… ¡Pero no! ¡Es el rap! ¡Sorpresa!) me acompañó en las noches más frías. Me voy por la puerta de atrás, odiando esta cultura con todas mis fuerzas, porque ¿Sabéis qué? Esto ni es una cultura ni es nada, esto, en este año 2008 es un montón de niños aburridos creyendo que algún día podrán vivir del rap pero criticando a todo el mundo que vive de ello, se ha convertido en un montón de ignorantes que defiendes ideas que ni ellos mismos saben cuáles son, se ha convertido, o a lo mejor siempre ha sido, en una de las mayores hipocresías basadas en auto-engaño de la historia del ser humano.

El hip hop, hoy en día, es creerte mejor que lo demás por que en vez de escribir poemas adolescentes en una libreta, escribes poemas adolescentes en una libreta y le pones un ritmo 4x4, porque si vuelvo a escuchar, en cualquiera de sus formas: " mi única compañera es la tinta y el papel y mis rimas son mis balas" voy a vomitar, porque hoy en día todo está mal, porque antes la gente imprimía con su impresora de mierda fotos de NWA y la colgaba en la pared y era guay y ahora los niños gritan que poner pósters en una revista es destruir la cultura. ¿Qué cultura? ¿Qué cultura? Cultura fue la griega, el Antiguo Egipto, la cultura helenística, el Renacimiento, eso fueron culturas, no cuatro niñatos con un nick cutre y un grupo cuyo nombre es una frase hecha más que vista: "los herederos de la rima", "tumba abierta", "bajo los focos", "ratas del subsuelo", "manolito mc" o "derrame cerebral", diciendo idioteces que no dicen nada, escribiendo letras sobre que su vida es tan vacía que sólo saben escribir sobre escribir, porque él escribe, tú escribes, todos escribimos. Muy bien. Venga, todos a escribir, todos a frustrarnos, todos a los foros y todos a criticar a quienes logran vivir de esto, a quienes casi lo logran, a quienes lo intentan.

Esta cultura no es más que una panda de niñatos creyéndose muy guays. Seguid creyendo que los intrusos os destruirán, que las multinacionales, los politonos, los pósters, el rap "diferente a lo de siempre", el rap que habla sobre amor, el rap fusionado, salir en MTV, los videoclips con efectos especiales, que nos escuchen los pijos!! Todos vienen a romper vuestra cultura porque para los b.boys y b.girls ¡TODO EL MUNDO ESTÁ EN NUESTRA CONTRA! Pues pequeños, los únicos que lo estáis destruyendo sois vosotros porque no sois capaces de ver que escribís y rapeais como el culo, que no tenéis cultura en general ni cultura musical alguna o de ningún tipo y que dais más pena que gloria. Por eso me salgo de esto, por eso dejo de ser b.girl, porque echo de menos escuchar a alguien decir que le gusta el rap sin más pretensiones que escuchar rap, respetando "de verdad", y abriendo su mente al lógico cambio de la sociedad.

No hay cultura, el hip hop ha muerto y vosotros no nacisteis en el Bronx. Sois sólo unos putos críos que creéis que llevar más años que nadie "en esto" os concede un grado. No le importáis a nadie. Ya podéis poneros todas las equis equis equis ele que queráis y decir tantas veces como queráis lo del boli, la tinta, el papel, los versos, los tracks, vuestra mierda, la calle, vuestro cuarto, mis ideas, fluyen con el viento, soy un crack, oh vaya, zorras, como molo. Basura, tan basura como los poemas de amor de mi prima de nueve años. Eso es el rap hoy en día, la excusa de los tontos para decirle a sus padres que dejan la ESO porque tienen futuro como mc's.

Adiós, no me volveréis a ver por aquí. Pero por lo menos yo sí sé que a nadie le importa.

Soy normal, de verdad, soy normal, lo soy, de verdad

No sé si conocéis a Katy Brand. Es una humorista inglesa que se dedica a hacer esos sketches ingleses con un humor tan rebuscado, surrealista e impredecible que cuando termina te preguntas por qué demonios te has reído. En uno de sus habituales, se dedica a descuartizar a Kate Winslet, sí, la olvidada para el mainstream protagonista de Titanic, que se ha dedicado a hacer desde entonces películas inolvidables del cine independiente y algunas comedias de dudosa calidad… Katy imita a Kate Winslet (y a Kate Moss, ¿Casualidad? sic) básicamente por su afán de ser normal y llevar una vida normal lejos de las estrellas de Hollywood. Katy la caricaturiza como un ser desquiciado y esquizofrénico con unas ansias desmesuradas por ser tan normal como cualquiera. No puedo aquí reproducir su humor o pretender tener gracia porque es imposible, pero a lo que voy, Katy me ha hecho pensar mucho en lo duro que debe ser ser famoso…. ¿Por la prensa? ¿Por las fotos por la calle? ¿Por estar expuesto al público? No, por algo mucho más profundo y complejo: hagas lo que hagas estás haciéndolo mal y nunca más podrás ser normal, o como diría Katy: LIKE NORMAAAL.

Ayer tuve una prueba fehaciente. Estaba en un concierto de Pink, (sí, todavía existe y sus fans siguen teniendo quince años y ella parece seguir teniendo veinte ¿Soy la única que crece?) y entre el público había una celebrity, de poca monta eso sí: Soraya, extremeña y triunfita… pero ella sola cargó con el peso de ser la única, de que no hubiese más famosos entre el público... Y lo hizo con unas grandes dosis de extravagancia en indumentaria y maquillaje: había introducido su cara en un bote de talco y se había vestido en una boutique vintage del siglo XXI, parecía, a todas luces, una foto en sepia de mi bisabuela cuando era joven. Pero ella, con su novio-bolso, saltó más que ninguna y alzó su móvil – cámara más alto que ningún fan para luego colgarlo en su flickr – fotolog – myspace – facebook – hi5 – tuenti. Y a mitad del concierto desapareció…. Así, como mismo llegó se fue dejando un vacío y un rastro a talco… Ella quiso ser como los demás, LIKE NORMAL, calzándose unos taconazos del quince para ir a un concierto y bailando como los demás, pero no lo logró, porque todo el mundo la estaba mirando mientras ella actuaba “como si nada”.

Y el otro día, en la Cuore, vi una foto de Britney Spears alrededor de quinientos paparazzis mientras la fotografiaban saliendo de un coche, y Adrien Brody le acaba de regalar un castillo a Elsa Pataky porque está muy buena… (aunque no tenga tobillos como dice mi amiga Shey) y Kate Winslet y su marido Sam Mendes intentar ser granjeros. Os parecerá dispar esta enumeración, pero de verdad que a veces sufro por los famosos porque me pongo en su lugar y pienso que yo vivo preocupada por si me critica alguien en mi humilde trabajo, por si algún amigo dice algo malo de mí o porque me ha salido un grano muy feo que no se me quita, todo ello con la seguridad tajante de que: a nadie le importo un carajo. Y ellos tienen que convertir sus pequeñeces o incluso su intención de seguir siendo quienes son con un montón de imbéciles (nosotros) que queremos ver como se sacan un moco.

Famosos, que sé que me leéis, esta entrada está escrita para vosotros, porque sé que aunque nos encante (a los mortales) pensar que sois patéticos (que un poco sí lo sois), no sois normales, así que no intentéis ir de normales porque no los sois. ¿La fórmula? No existe.

Por eso, os recomiendo a los aspirantes a famosos (que sé que también estáis por ahí en el cibermundo buscándoos en el google), que dejéis de querer ser alguien, porque el precio que se paga es demasiado alto: nunca volverás a ser normales de verdad, aunque lo intentes con todas tus fuerzas.

Si no, que se lo pregunten a Kate Winslet…

Protesto porque yo lo valgo

Una cosa curiosa de estos (los) tiempos modernos es la propaganda del “proteste ya”, en todos los ámbitos. Tras siglos, milenios de opresión hacia los más desfavorecidos: de los ricos a los pobres, los intelectuales a los analfabetos, los profesores a los alumnos y sobre todo los jefes a los subordinados... De pronto, los desfavorecidos hemos sido bendecidos, agraciados, con la capacidad de protestar y defender nuestros derechos. En otras entradas de mi blog he puesto en duda que dichas vías para reclamar lo que nos pertenece funcionen, pero ahora voy a criticar exactamente lo contrario, trascribiendo aquí una duda que me asalta últimamente con cada vez mayor frecuencia:
¿Dónde está situado el límite, la delgada línea
que separa la protesta útil de la caradura?
Os voy a dar un ejemplo certero y curioso. Mi padre trabaja en la empresa privada y mi madre en la empresa pública. Mi padre, en treinta años, o más, que lleva en la misma empresa, apenas ha cogido una baja. Yo lo he visto enfermo algunas veces, no demasiadas pero si lo suficientemente enfermo como para que yo, en su caso, no hubiera sido capaz de levantarme de la cama, pero él se ha puesto el uniforme y ha ido a trabajar con todo el pesar de su alma. ¿Por qué? Porque sabe que necesita ir a trabajar porque si otro día está más enfermo y lo necesita “de verdad”, habrá cubierto el cupo de bajas pagadas. En la empresa pública donde trabaja mi madre, hace unos años, se estableció por convenio que las bajas se pagasen con el 100% del sueldo. Poco después, este convenio fue al traste. ¿Por qué? Se preguntaron los enfadados trabajadores. Pues porque haciendo el estudio pertinente tras un año de aplicación, se dieron cuenta de que un 90% de las bajas eran en festivos y puentes, y todas, en general, habían aumentado un alto porcentaje. Curioso, ¿No?
Lo cierto es que hoy en día los que no tienen posibilidad de quejarse, esos a los que les está afectando la crisis hasta tal punto que miden los parpadeos en el trabajo y se aguantan las ganas de ir al baño por si alguien se queja, los que viven preocupados por si han hecho algo mal sin darse cuenta, esos, no tienen opción a reclamar nada de lo que establece “su convenio”, saben las consecuencias… Y no me parece bien, obviamente. Pero tampoco me parece bien que la gente que lo tiene todo asegurado no sólo se queje de lo que realmente merece la pena, sino que además se queje más por pereza y por ver si consigue vivir del cuento que por llevar la razón y estar siendo tratado injustamente.
Sólo quiero hacer dos aclaraciones, no con esto estoy criticando, ni mucho menos, a los funcionarios. Tengo a muchos a mi alrededor y quiero defender que curran igual o incluso más que cualquiera (y hablaré de los funcionarios en próximas entradas), tampoco quiero poner a parir a la empresa privada, porque ahora mismo soy una empleada cualquiera de una gran empresa privada y no tengo queja alguna del trato hacia los trabajadores, lo único que quiero con esta entrada es reivindicar que seamos más auto-conscientes de los límites de los derechos y deberes, de las culpas que se echan a personas que no se lo merecen y de las responsabilidades que debemos atribuirnos a nosotros mismos. Hoy en día muchos empleados públicos pierden más tiempo en protestar que en trabajar y con eso consiguen dos cosas: unos servicios públicos (que ellos están pagando también) de peor calidad y sobre todo, ir contra sus propios intereses. Hoy en día, un trabajador de la empresa de mi madre que se encuentre realmente enfermo estará en su casa cobrando menos dinero por culpa de algunos desconsiderados que en su momento pillaron una oportuna depresión el puente de la constitución.
Siempre ha pasado y siempre pasará. Al hombre le das la mano, y te arrancará el brazo…

La genialidad

Leí hace unos días una frase que me dejó pensativa por diversos motivos. Trataba de los best sellers: se buscan fórmulas para crearlos, se siguen patrones, pero casi nunca funcionan, casi ningún libro creado para “ser un best seller” logra serlo, sino todo lo contrario. Se trata de una alquimia indescifrable, una combinación de elementos narrativos situados en un momento y en un lugar determinados, los que condicionan que esa obra funcione.

Y ese “algo” indescifrable convierte, a mi parecer, a los autores de best sellers en verdaderos genios, aunque no lo sean de la mejor narrativa o literatura, lo son de lograr enganchar a una masa anónima y saturada de información con una historia que suele ser más de lo mismo, pero un más de lo mismo aderezado de eso que tantos buscan, LA GENIALIDAD. Ese talento intangible parecido al carisma o a la fe en su “materialidad”: o se tiene o no se tiene, pero no se encuentra por mucho que lo busquemos.

Y la genialidad habita en nuestro planeta en fórmulas de lo más variopintas, así que para ilustrar mi forma de entender la genialidad os voy a dar tres ejemplos que no le van a gustar a casi nadie.

EJEMPLO 1: Los castings de gran hermano: la genialidad de la búsqueda.

Muchos elitistas de esos guays que leéis mi blog me diríais ahora: “¡Que soez!” o algún elitismo por el estilo. Pero yo estoy convencida de su genialidad. Consiguen año tras año, sin dejar género de dudas, encontrar a personas tan variopintas pero a la vez tan complementarias que casi sientes que siempre han existido de esa manera, encerrados en esa casa los unos con los otros. Otras cadenas, otros programas, eligen concursantes en multitudinarios castings para diversos realities. Logran encontrar de entre los millones de españoles dispuesto a vivir de la gorra y salir por la tele durante un par de meses a un puñado gente sin carisma, avocada al olvido prematuro. Cantantes desafinantes, artistas de circo prescindibles o parejas detestables. En Gran Hermano, después de diez ediciones y siendo el único país que sigue emitiendo el caduco formato, logran tener el mayor pico de audiencia del año una vez más. Y logran enganchar a la gente una vez más. Y sí, es una mierda de programa, y sí, repetidísimo, y sí, ya cansa, pero si lo tuviese Cuatro con sus castings de pacotilla, ya lo hubiesen quitado de la parrilla.

EJEMPLO 2: Inditex. La genialidad de no dar nada por sentado

Inditex, la empresa textil autora de Zara, Bershka y Massimo Dutty and company logran, cada día, abrir una tienda en el mundo con inmejorables resultados, logran crear proyectos empresariales imposibles que funcionan y la mesa llena de jerseys finos de algodón de todos los colores a doce euros se agota temporada tras temporada a pesar de que todo el mundo tiene una amplia colección en su armario. Todo el mundo viste su ropa, todo el mundo sabe que significa llegar a la calle y ver trescientas camisetas igual que la tuya, pero aún así todo el mundo viste de Zara. Y allí, nada sucede al azar, es el mundo “a pesar de la crisis”, colas kilométricas mientras en las tiendas de al lado las dependientas se comen las uñas amuermadas. ¿Por qué? Porque está perfectamente pensada en cada detalle. Desde las colecciones: lo que cambia y lo que pervive, la gama de colores, la colocación de las estanterías, hasta el sistema de búsqueda de prendas es perfecto. Probad un día a entrar en Zara y observar el mecanismo invisible que mueve la tienda, y luego probad a entrar en Sfera, Pimkie o Top Shop. Coged un jersey de Zara y luego otro idéntico de Sfera, y observad el color de las paredes, la distribución de la tienda. Nada en Inditex sucede por casualidad, por todo eso, funciona una tienda con ropa que mirada de cualquier manera, poco dista de la de cualquiera de sus competidoras.

EJEMPLO 3: Los Soprano. La genialidad de crear personajes.

Siempre lo diré. Me creo más a un mafioso de New Jersey que va al psiquiatra y tiene sueños premonitorios, que llora porque los patos de su jardín toman el vuelo y que no tiene nada que ver conmigo, que a cualquiera de los personajes de clase media de la serie de turno de Globomedia. ¿Por qué? Tendría dos formas de hacerlo entender: dándote una explicación rebuscada sobre las técnicas de la creación de subfondos en los personajes o diciéndote, rotundamente, que necesitas ver Los Soprano para entender la complejidad del ser humano, y sobre todo, del sufrimiento humano. He visto muchas series, me puedo tragar un capítulo de CSI sin pestañear, puedo ver Hidden Palms, me encanta Gossip Girl, elogio The Wire y soy una fan adicta a Sex and The City. Creo que cada una de ellas tiene su encanto y me gusta lo que siento cuando me meto en cada uno de esos mundos, pero definitivamente, nada puede compararse a la obra maestra que es Los Soprano, ya sea por cada una de las miradas entre personajes, por las decisiones, las sopresas, los imprevistos y las vueltas de tuerca al argumento de la ficción televisiva. He visto muchas series, y no va a ser la última vez que hable de esta, pero me quedan diez capítulos de la última temporada para terminar y sólo sé que siento que no sé cómo voy a poder vivir después. Ahora mismo me parece imposible.

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Y en todo eso radica la genialidad, en crear algo, lo que sea, que logra que quién lo tiene no entienda cómo pudo o podrá vivir si ello. Mientras el resto de los mediocres piensan al usarlo: ¿Por qué no se me ocurrió a mi primero?