jun
30
2008
La Generación Einstein: como yo lo veo
Me he sorprendido porque hablando con algunas personas, muchas de ellas nacidas después del 88, es decir, pertenecientes a la recién acuñada “Generación Einstein”, he descubierto que el concepto no es tan conocido como yo pensaba. Por si algún lector no lo sabe, se llama de esta forma a las personas nacidas después del año 88, a esa afortunada generación que nace con ordenadores y en el mundo de la publicidad, las marcas y la velocidad de información. Según el libro son los más rápidos, los más listos y los más sociables. Y los únicos con valores positivos desde los nacidos antes de la Segunda Guerra Mundial.
Y yo me quedo fascinada con este asunto por varios motivos. El otro día seguí la ley no escrita de mi amiga Sheila sobre ensayos y manuales de autoayuda: “Sabina, tú entra en la librería y ábrelo al azar, y lee la página que toca.” Y siempre lo hago desde que ella me lo dijo. Así que abrí “Generación Einstein” y leí la página en cuestión, en la que el psicólogo relataba que uno de sus pacientes-conejillos de indias se aburría en clase porque los profesores no le sabían enseñar, que no mostraban pasión. Primero lo leí con mi habitual escepticismo: “¿En serio? ¿No nos ha pasado eso a todos?”, pero luego me di cuenta en seguida de que no, de que tiene razón: el sistema educativo estaba caducado cuando yo estaba en el estudiando pero ahora se ha quedado totalmente obsoleto. Leí una vez en un artículo que si un doctor del siglo XIX viajase en el tiempo y entrase en un hospital actual no sabría ni donde está, pero que si ocurriese lo mismo con un profesor y entrase en un colegio, se pondría a dar clase como si tal cosa. Y es que, ¿Cómo quieres que un chaval que tiene el mundo en su pantalla de 17 pulgadas desde que nació, se aprenda un montón de datos de memoria que puede encontrar en 0,00017’’ en Google? Esto me lleva a otro artículo que leí, de los nuevos JASP “jóvenes aunque sobradamente preparados”, en el que decía que un ingeniero aeronáutico iba a una entrevista y el entrevistador le preguntaba un dato súper rebuscado. Él contestaba sin más: “no lo sé, pero tendré la respuesta en medio minuto”. Esa es la educación de hoy en día: menos saber y más saber encontrar.
Yo sé más cosas desde que tengo internet, proporcionalmente hablando. Entro a buscar un dato, si no sé una palabra o no conozco a un determinado personaje lo googleo, si veo un concepto nuevo en internet busco un foro donde lo explique, he aprendido más por mi cuenta en los últimos cuatro años que en toda mi vida. ¿Pero sabéis porqué? ¿Dónde está el origen de eso? Porque me han enseñado a “querer saber”, y creo que eso es lo que olvidan los modeladores de la generación Einstein, tan sociables, listos y despiertos ellos, sus padres y educadores, en su pugna por intentar que internet no se los coma en sus redes y que su hij@ sea el más rápido, el más listo, el más sociable y el más diferente, han olvidado sentarse con ellos a descubrirles que internet es mucho más que el facebook, fotolog y juegos online, y no hablo del manejo, hablo de la cultura. Conozco a mucha gente de esta generación y sí coincido con el autor del libro en que son más auténticos (los que lo son), menos inseguros en ser diferentes y más sociables, pero en un sentido individualista. Es decir, se preocupan por ellos mismos y su propio ecosistema, pasan de política, de implicarse, de ver las noticias o de saber que le pasa el mundo, pasan de leer, incluso de buscar demasiadas cosas en internet más que las que necesitan para sus friquismos, quieren sacar las mejores notas, aprender más, quieren ser cosas importantes (los que quieren), pero lo que quieren por encima de todo, es ser “el mejor” en algo. Esto está bien, por lo menos yo veo mejor esto al precepto de mi generación (¿Puedo añadir “de mierda”?) en la que lo importante era pasar desapercibido, ser uno más del montón e intentar que tus ideas no fuesen demasiado diferentes a las del resto. Hoy en día los niños siguen siendo niños, los adolescentes siguen siendo adolescentes, y los padres siguen siendo padres, pero creo que cada vez más los hijos tienen herramientas reales para crear su propia educación, y decirle a todo el mundo: ¿Realmente crees que me puedes enseñar algo?
No pertenezco a esa generación de contradicciones, y a veces me alegro y a veces no, pero me gusta poder mirarlo desde la distancia más cercana que cabe, de decir “casi estoy ahí” y darme cuenta de cómo han cambiado las cosas. Y sí, a mejor. Por mucho que la gente diga que tiempos pasados siempre fueron mejores, no hablo de tener recuerdos maravillosos de nuestras respectivas adolescencias, hablo de realidad, de elección, de vivir en un mundo donde puedes saber todo lo que quieras, porque ese mundo realmente pertenece al que quiere aprovecharlo, y ningún gilipollas de tu clase vendrá a convencerte de lo que no eres. Pero veo una cara triste en todo esto: veo primero lo occidentalistas que somos al hablar de la generación Einstein sin tener en cuenta que somos un 5% de la población mundial, lo triste que es que hace poco, un amigo de mi primo de dieciséis años recibiera una paliza porque un cabrón que también pertenecía a la generación Einstein quería quitarle el móvil, y también que cuando curioseo a veces por fotologs de algunos de esta generación, no veo más que la ausencia absoluta de vida, autobiografías que dicen: “bueno, me aburría y tal, así soy yo, una persona diferente y especial” y en esas palabras veo, efectivamente, aburrimiento y aislamiento, veo presión, auto-presión y bastante incultura. Me da pena porque como dije en mi primer o segundo post, el mundo por fin, y sin ninguna duda, nos ha ofrecido la anarquía absoluta: internet, un mundo sin ley donde tienes libertad de expresión total, y hemos dejado de ser interesantes, no hemos desnudado ante nosotros mismos y a mí, por lo menos, me damos mucha pena.
La generación Einstein es más lista, más rápida y más sociable. Sólo espero que un alto porcentaje de personas de esta generación sepan utilizar las herramientas que tienen y que este cutre-sistema educativo abra los ojos, quite el lápiz y el papel de las mesas a partir de secundaria, que pongan asignaturas como diseño web, análisis de la imagen, relaciones internacionales y sistemas de comunicación en secundaria, que den por hecho que nunca más importará saber algo de memoria y que realmente no desperdicien el potencial de personas que podrían llegar a ser auténticos Einsteins y que por ahora pueden quedarse en el camino porque nadie les supo orientar y nadie les supo decir que la mejor herramienta que tienen es su propia inteligencia.
Y yo me quedo fascinada con este asunto por varios motivos. El otro día seguí la ley no escrita de mi amiga Sheila sobre ensayos y manuales de autoayuda: “Sabina, tú entra en la librería y ábrelo al azar, y lee la página que toca.” Y siempre lo hago desde que ella me lo dijo. Así que abrí “Generación Einstein” y leí la página en cuestión, en la que el psicólogo relataba que uno de sus pacientes-conejillos de indias se aburría en clase porque los profesores no le sabían enseñar, que no mostraban pasión. Primero lo leí con mi habitual escepticismo: “¿En serio? ¿No nos ha pasado eso a todos?”, pero luego me di cuenta en seguida de que no, de que tiene razón: el sistema educativo estaba caducado cuando yo estaba en el estudiando pero ahora se ha quedado totalmente obsoleto. Leí una vez en un artículo que si un doctor del siglo XIX viajase en el tiempo y entrase en un hospital actual no sabría ni donde está, pero que si ocurriese lo mismo con un profesor y entrase en un colegio, se pondría a dar clase como si tal cosa. Y es que, ¿Cómo quieres que un chaval que tiene el mundo en su pantalla de 17 pulgadas desde que nació, se aprenda un montón de datos de memoria que puede encontrar en 0,00017’’ en Google? Esto me lleva a otro artículo que leí, de los nuevos JASP “jóvenes aunque sobradamente preparados”, en el que decía que un ingeniero aeronáutico iba a una entrevista y el entrevistador le preguntaba un dato súper rebuscado. Él contestaba sin más: “no lo sé, pero tendré la respuesta en medio minuto”. Esa es la educación de hoy en día: menos saber y más saber encontrar.
Yo sé más cosas desde que tengo internet, proporcionalmente hablando. Entro a buscar un dato, si no sé una palabra o no conozco a un determinado personaje lo googleo, si veo un concepto nuevo en internet busco un foro donde lo explique, he aprendido más por mi cuenta en los últimos cuatro años que en toda mi vida. ¿Pero sabéis porqué? ¿Dónde está el origen de eso? Porque me han enseñado a “querer saber”, y creo que eso es lo que olvidan los modeladores de la generación Einstein, tan sociables, listos y despiertos ellos, sus padres y educadores, en su pugna por intentar que internet no se los coma en sus redes y que su hij@ sea el más rápido, el más listo, el más sociable y el más diferente, han olvidado sentarse con ellos a descubrirles que internet es mucho más que el facebook, fotolog y juegos online, y no hablo del manejo, hablo de la cultura. Conozco a mucha gente de esta generación y sí coincido con el autor del libro en que son más auténticos (los que lo son), menos inseguros en ser diferentes y más sociables, pero en un sentido individualista. Es decir, se preocupan por ellos mismos y su propio ecosistema, pasan de política, de implicarse, de ver las noticias o de saber que le pasa el mundo, pasan de leer, incluso de buscar demasiadas cosas en internet más que las que necesitan para sus friquismos, quieren sacar las mejores notas, aprender más, quieren ser cosas importantes (los que quieren), pero lo que quieren por encima de todo, es ser “el mejor” en algo. Esto está bien, por lo menos yo veo mejor esto al precepto de mi generación (¿Puedo añadir “de mierda”?) en la que lo importante era pasar desapercibido, ser uno más del montón e intentar que tus ideas no fuesen demasiado diferentes a las del resto. Hoy en día los niños siguen siendo niños, los adolescentes siguen siendo adolescentes, y los padres siguen siendo padres, pero creo que cada vez más los hijos tienen herramientas reales para crear su propia educación, y decirle a todo el mundo: ¿Realmente crees que me puedes enseñar algo?
No pertenezco a esa generación de contradicciones, y a veces me alegro y a veces no, pero me gusta poder mirarlo desde la distancia más cercana que cabe, de decir “casi estoy ahí” y darme cuenta de cómo han cambiado las cosas. Y sí, a mejor. Por mucho que la gente diga que tiempos pasados siempre fueron mejores, no hablo de tener recuerdos maravillosos de nuestras respectivas adolescencias, hablo de realidad, de elección, de vivir en un mundo donde puedes saber todo lo que quieras, porque ese mundo realmente pertenece al que quiere aprovecharlo, y ningún gilipollas de tu clase vendrá a convencerte de lo que no eres. Pero veo una cara triste en todo esto: veo primero lo occidentalistas que somos al hablar de la generación Einstein sin tener en cuenta que somos un 5% de la población mundial, lo triste que es que hace poco, un amigo de mi primo de dieciséis años recibiera una paliza porque un cabrón que también pertenecía a la generación Einstein quería quitarle el móvil, y también que cuando curioseo a veces por fotologs de algunos de esta generación, no veo más que la ausencia absoluta de vida, autobiografías que dicen: “bueno, me aburría y tal, así soy yo, una persona diferente y especial” y en esas palabras veo, efectivamente, aburrimiento y aislamiento, veo presión, auto-presión y bastante incultura. Me da pena porque como dije en mi primer o segundo post, el mundo por fin, y sin ninguna duda, nos ha ofrecido la anarquía absoluta: internet, un mundo sin ley donde tienes libertad de expresión total, y hemos dejado de ser interesantes, no hemos desnudado ante nosotros mismos y a mí, por lo menos, me damos mucha pena.
La generación Einstein es más lista, más rápida y más sociable. Sólo espero que un alto porcentaje de personas de esta generación sepan utilizar las herramientas que tienen y que este cutre-sistema educativo abra los ojos, quite el lápiz y el papel de las mesas a partir de secundaria, que pongan asignaturas como diseño web, análisis de la imagen, relaciones internacionales y sistemas de comunicación en secundaria, que den por hecho que nunca más importará saber algo de memoria y que realmente no desperdicien el potencial de personas que podrían llegar a ser auténticos Einsteins y que por ahora pueden quedarse en el camino porque nadie les supo orientar y nadie les supo decir que la mejor herramienta que tienen es su propia inteligencia.